El procés ya resulta cansino

 

-España es un país fascista y un estado fallido donde no existe ni democracia ni libertad de expresión. Franco no ha muerto y la justicia española, heredera del franquismo, envía a prisión a políticos simplemente por defender sus ideas. Frente a este panorama, una Cataluña independiente sería un lugar próspero, libre de corrupción y ejemplo de calidad democrática. Un nuevo país que Europa recibiría con los brazos abiertos, en el que la inversión empresarial caería del cielo y que sería reconocido más pronto que tarde por la comunidad internacional. Sus líderes políticos, comparables a Martin Luther King, Gandhi o Mandela, liberarán a su pueblo, una nación milenaria, de las cadenas de un estado opresor e imperialista. Un pueblo que camina unido y de la mano hacia la libertad y en el que quienes no comulgan con esta “Megali Idea” son tan solo un puñado de fachas.-

 

Esto es lo que se encuentra uno si le da por meterse en cualquier conversación o foro de internet en los últimos meses. Ya sea aprovechando una noticia sobre Cataluña o sobre el ritual de apareamiento de la grulla africana, el hilo siempre deriva hacia el monotema. Una entrañable y abnegada legión de predicadores se encarga de hacer apostolado del relato más victimista y ñoño que el nacionalismo ha sido capaz de parir en los últimos tiempos, y lo hace además en varios idiomas, para darle un toque cosmopolita. Shame on you, ¡Europe! dicen, por apoyar a Rajoy, dictador nazi y cruel donde los haya. Se da una imagen de una marcada superiordad democrática, ética e intelectual con respecto a los paletos mesetarios que viven más allá del Ebro, en una mezcla de delirio, autocomplacencia y empanada mental. ‘’A veces un porro y a veces una paja’’, que diría Rubén Pozo, como válvula de escape en una huida entre la realidad y el deseo. Bien podría haber servido de eslogan para el 21-D, que el Espanya ens roba está ya muy trillado.

 

 

Lo mejor de todo es que, gracias a lo que la prostitución del lenguaje perpetrada por los nacionalistas ha dado en llamar la internacionalización del conflicto, la peña separata está empezando ya a resultarle cansina a toda Europa, y no es extraño que quienes antes te preguntaban curiosos ‘’¿qué pasa con Cataluña?’’ ahora te digan ‘’qué pesados con Cataluña’’. Las pocas simpatías que podían tener en el exterior se van perdiendo al mismo ritmo que crecen el ridículo y la vergüenza ajena.

Ante todo esto, se podrían intentar varias cosas. Se podría, por ejemplo, hacer autocrítica, desde el resto de España, sobre la falta de comprensión de la identidad y de la cultura catalana. Sobre la necesidad de no considerar las lenguas cooficiales como algo extraño, sino como algo que enriquece nuestra cultura. Sobre la urgencia de definir qué es España y qué significa ser español. De reconocer los errores cometidos (del recorte del Estatut a la cagada del 1 de octubre, pasando por las llamadas al boicot) que no han hecho sino acrecentar la ya de por sí exagerada predisposición al agravio. Se debería, sobre todo, hacer pedagogía y hacer ver que Franco murió hace más de 40 años, que no solo Cataluña sufrió el franquismo y que el hecho de querer convertir en extranjeros a la mitad de la población no tiene nada de loable, por mucho que se disfrace de ‘’derecho a decidir’’. Que el grado de descentralización de España es el mayor de toda Europa. O que cuando Amnistía Internacional niega que en España existan presos políticos, habría que rectificar y disculparse por las mentiras y los bulos propagados. Y que si tus únicos apoyos vienen de Otegi, Le Pen, AfD, Putin y Maduro (lo mejor de cada casa), mal vamos; solo falta el coreano para armar una buena pandilla basura. Debería bastar, pero el nacionalismo no atiende a razones. Seguirán con la matraca.

 

Borja G. Anes

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