Las historias de Manuel comenzaron en la universidad

 

Manuel tenía un problema para aceptar órdenes que consideraba injustas y aquel castigo de su padre durante el verano fue muy duro. Prohibirle salir de noche por haber suspendido muchas asignaturas de la carrera, no era la mejor forma de motivarle para estudiar. Así que se buscó una manera de saltarse el castigo. Se iba a su habitación en el piso de arriba, y se escapaba por la ventana cuando todos estaban dormidos. Dejaba la ventana y la persiana casi cerradas pero quedaba una rendija abierta, para poder entrar desde fuera cuando llegara.  En la cama, su almohada bajo las sábanas daría impresión de que había alguien. Para entrar, solo tenía que coger la escalera que estaba en el cobertizo y subir por ella hasta la ventana, para una vez desde dentro, dejarla tirada en el suelo, fuera de la casa. Nadie se daría cuenta de que la escalera estaba allí, hasta que él se levantara a mediodía y la volviera a poner en su lugar. Y así hizo durante dos semanas casi todos los días.

Luego, sus colegas Sami, David y Jaco lo esperaban con el coche a unos 200 metros de la casa para que nadie oyera nada. Y se iban de fiesta. Bueno, o lo intentaban, porque cuando estaban todos juntos subidos en el R-5 amarillo, con las defensas bajas como si fuera el R-5 Copa, encabezando la comitiva festiva de 3 o 4 coches con 12-15 colegas, Manuel siempre intentaba guiarles por los caminos secundarios que llevaban hasta Betanzos, pueblo de las afueras de La Coruña, para salir de fiesta sin encontrarse con controles de la Guardia Civil.

 

Con la excusa de que estudiaba Caminos y que se conocía al dedillo (o eso afirmaba él) los caminos de las obras de la Autovía A-6 y de la canalización del gaseoducto, siempre acababa convenciendo al conductor para que tomara tal o cual atajo que terminaba con todos perdidos y en una ocasión el coche de Sami a punto de caer por un barranco de no ser por una frenada de urgencia.

Así que casi siempre tenían que volver a la carretera general y aprovechaban para parar en cada bar que encontraban. Y lógicamente, aquella noche a alguno de los chicos que venía en el grupo (creo que fue a Mateo) se le subió la bebida a la cabeza en medio de tantas curvas y al llegar a la plaza central del pueblo en Betanzos, delante de la iglesia, su coche hizo una parada imprevista y la puerta derecha trasera se abrió para que una cabeza se asomara y soltase toda la vomitona… allí en medio del pueblo, lleno de gente que empezaba la fiesta. Ese momento de parada, lo aprovechó Manuel para hacer una de sus locuras. Sin mediar palabra se bajó del coche y acto seguido se puso a trepar por la fuente que hay en medio de la plaza… Sobre una peana metálica de forma piramidal que tendrá algo más de tres metros de alto, coronan las figuras de fundición de Diana Cazadora y un ciervo. Pues bien, después de un par de intentos que casi acaban en tragedia por caída de borracho, Manuel alcanzó la parte superior de la fuente con las figuras metálicas y, ante nuestro asombro primero, estupor después y, finalmente, nuestras carcajadas más sonoras, empezó a simular que sodomizaba al ciervo, mientras lo agarraba por los cuernos, en algo que fue todo un espectáculo de risas y aplausos, muy celebrado por todos los que aquel día teníamos ya un pedo considerable… Menos por la Policía Local que casi se lo lleva detenido. Solo se libró porque aquellos agentes no tenían muchas ganas de aguantar a aquel borracho y todo el papeleo que iba a causar. Así que la fiesta continuó sin más sobresaltos aquella noche…

 

 

Pero resultó que el padre de Manuel no era tonto y tras varias veces repitiendo la misma jugada, el padre se había dado cuenta de dos cosas; Manuel gastaba mucho dinero aquel verano y Manuel dormía hasta muy tarde esa semana. No era normal, así que empezó a prestar mucha más atención a aquellos dos extraños sucesos que en principio no relacionaba entre si… y le llevó poco tiempo darse cuenta de lo que estaba pasando en realidad. Lo siguiente fue acechar a Manuel. Y esa misma noche, a las 3 de la mañana se levantó y fue a la cama de Manuel para certificar que no estaba allí. Lo cierto es que aunque pensaba echarle una bronca tremenda… lo primero que hizo fue descojonarse de la risa, por la ocurrencia de su hijo. Y decidió dormir en su cama para esperarlo cuando llegara.

Se despertó con el ruido de la escalera siendo situada en la pared de la ventana y miro su reloj, las 05:30… ¡Será vividor! Pensó… y tratando de aguantar la risa puso cara de furia y se fue a la ventana. Manuel ya estaba llegando al último peldaño y cuando quiso ayudarle cogiéndole la mano por si se caía, el susto que le dio a Manuel casi lo mata.

Manuel subía tranquilamente por la escalera y cuando aquella mano surgió de la oscuridad y lo agarró con fuerza. Se asustó tanto que gritó con todas sus fuerzas, se echó para atrás tratando de escapar de aquella cosa que lo agarraba, con lo que tiró la escalera y se quedó colgado, a punto de caer al suelo, pataleando en el aire, solo sostenido por aquella cosa… Manuel siguió gritando hasta que consiguió ver la cara de su padre asomado a la ventana y acertó a escuchar que le estaba pidiendo calma. Por fin consiguió agarrarse con la otra mano al vierteaguas de la ventana y su padre terminó de agarrarlo. Para aquel entonces, el resto de la casa ya se había levantado alarmado por los gritos de Manuel y cuando éste consiguió por fin entrar por la ventana definitivamente, vestido para ir de fiesta y oliendo a alcohol… sus hermanos se partieron de la risa, su madre se enfadó tremendamente y… su padre todavía estaba tratando de asimilar que casi le provoca a su hijo una caída desde más de 3 metros… Ese susto del padre, le salvó aquella vez de una bronca de las gordas.

 

Simón Álvarez

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