Muchas preguntas y algunas respuestas sobre una lengua única

‘’Euskara putzu sakon eta ilun bat zen…’’ así comenzaba una canción que mi abuela, bilbaína de nacimiento, pero afincada en Andalucía desde hacía varias décadas, me tarareaba en los primeros años de mi infancia, en esa lengua mágica y misteriosa que ya me cautivaría de por vida. La traducción aproximada viene a ser algo así como ‘’el euskera estaba en un pozo profundo y oscuro’’. Tan oscuro y profundo como su historia y su origen, que nos sugiere muchas preguntas que intentaremos exponer y aclarar a continuación.

¿Por qué es tan especial?
El euskera, característica principal y el núcleo de la identidad de los vascos, es una lengua que los hace únicos. Tiene, además, una importancia capital en el origen del castellano, puesto que éste nació en una región lingüística fronteriza con el vascuence (norte de Burgos y La Rioja). Nuestro sistema fonológico, vocabulario (izquierda, aquelarre, órdago, cencerro, mochila, chaparro, entre otras palabras, provienen del vasco) y varios apellidos tan comunes como García, Ortiz y Aznar (quién lo iba a decir) así lo atestiguan.

¿Qué sabemos sobre él?
Solo sabemos que sabemos poco. La única certeza que tenemos es que es un idioma pre-indoeuropeo, el único de toda Europa occidental que aún pervive. No se ha demostrado su relación con ninguna otra lengua viva en todo el mundo y para indagar en sus inicios nos tendríamos que remontar a la prehistoria.

¿Cuál es su origen?
Aquí vienen los problemas, principalmente por la escasez de testimonios escritos. Tradicionalmente se ha pensado siempre que el euskera se hablaba desde tiempos remotos en lo que hoy es el País Vasco. Sin embargo, a la luz de los últimos descubrimientos arqueológicos, los expertos dudan de esta teoría. La zona que ocupan las actuales provincias de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa estaban, en la época de la llegada de los romanos, habitadas por pueblos como los caristios, várdulos y autrigones, de más que probable etnia, lengua y cultura celta (y por lo tanto, indoeuropea), mientras que las fuentes romanas sitúan al pueblo de los vascones en la moderna Navarra. Los topónimos más antiguos (como el monte Amboto y el río Nervión) hacen referencia a dioses y nombres celtas. Además, no se han encontrado escritos en euskera anteriores al siglo VI d.C. en la zona.

Entonces, ¿de dónde viene?
Habría que dirigirse unos 300 km al este para encontrar las inscripciones más antiguas que se conservan en esta lengua. Allí, en la cara norte de los Pirineos, en los alrededores de Bagnères-de-Luchon y muy cerca de Andorra y del Valle de Arán (del euskera haran: el valle) habitaba en la antigüedad el pueblo de los aquitanos, quienes enterraban a sus muertos en lápidas escritas en su lengua aquitana, también llamada euskera arcaico. Parece ser que, debido a movimientos migratorios, especialmente a partir de la caída del imperio romano y al empuje de los francos, se desplazaron hacia el oeste y hacia el sur, asimilando al resto de pueblos a su lengua y a su cultura.

De confirmarse esta hipótesis de euskaldunización tardía del País Vasco, podríamos sacar varias conclusiones: las lenguas siguen unos procesos dinámicos y complejos y son el resultado de la interacción entre diferentes pueblos y culturas. En la antigua Vasconia, el euskera se asentó con el tiempo, al igual que el latín y más tarde el castellano. Por lo que, por una parte, carecería de sentido ignorar el castellano y catalogarlo, por motivos nacionalistas, como lengua invasora, ya que siguió el mismo proceso que el euskera. Por otro, en el resto de España, ayudaría también el mostrar un mayor interés por el resto de lenguas del Estado y no verlas como algo extraño, ya que la existencia y convivencia de varias lenguas y dialectos en un mismo territorio debería ser visto como un símbolo de riqueza cultural y nunca como un arma arrojadiza.

Borja G. Anes

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