APRENDIENDO EL IDIOMA UNIVERSAL DEL AMOR

Viaje al ASHRAM de KERALA, en la INDIA

Estoy convencida de que todo ser humano nace con una serie de dones, los cuáles a medida que avanza la vida y nos perdemos en el mundo se van apagando, quedando solo las ascuas, debido a la desilusión, desmotivación y  al miedo, que es lo que más abunda en la sociedad actual.

Es por ello que decidí salir de mi zona de confort en busca de conocer otra cultura,  forma de pensar y ver la vida. Y el destino me llevo a la India.

Una cosa tenía clara antes de comenzar mi viaje, en ninguno de los casos me alojaría en un hotel. Necesitaba convivir con las personas de allí, sumergiéndome y perdiéndome en su cultura, por lo que me hospedé en un templo con monjes y una gurú (en la India a eso se le llama Ashram).

El día antes de partir empecé a estar nerviosa, pues hay que apuntar que no domino el inglés y mucho menos se hablar indio. Si a eso le añades que viajaba sola a oriente durante un mes… aun así sentía dentro de mí que todo iba a salir bien.

El primer vuelo me llevó a Dubái puesto que tenía que hacer transbordo en dicho aeropuerto para coger la siguiente conexión a Trivandrum (si a día de hoy alguien me pregunta dónde está Trivandrum en un mapa, no tengo ni la menor idea).

Tras 9 horas de avión y 3 horas de taxi (el caos de conducción en este país es inimaginable) por fin llegue a mi destino, el ASHRAM de KERALA.

Una vez allí, conseguí hacerme entender y me asignaron mi “habitación”.

Cuando llegué a la habitación casi me da algo. Me empecé a deprimir ya que todo me pareció horrible: un colchón de plástico de mala muerte en un suelo sucio, dos colchones más con ropa tendida que indicaban que sola no iba a estar, un baño terrorífico con un grifo al lado del inodoro en donde se supone que me tenía que duchar…

Estaba sola y triste, pensando una y otra vez en mi locura y comenzando a arrepentirme por todo.

Entonces me asomé a la ventana. Nunca mis ojos habían visto tanta belleza y fue ahí donde me di cuenta de lo afortunada que era.

Bajé a investigar un poco el templo y continuamente me encontraba con indios que me sonreían constantemente, sin ningún motivo. Tal fue así que se me tatuó la sonrisa en la cara y me dolía la boca de sonreír.

Lo primero que aprendí allí fue su peculiar pero increíble saludo, despedida, gracias…. Todo en una frase india: om namah shivaya, que en español significa: “reconozco al ser divino que tienes dentro”.

Nunca he sentido tanta energía, paz y amor como en este lugar

Mis días fueron increíbles. Los indios se me acercaban y nos comunicábamos con gestos y chapurreando un poco de mi “inglés de los montes”. Los niños venían y me abrazaban sin motivo alguno, solo por el hecho de sonreírles. Todo era así.

Una noche en la que necesitaba estar sola, una india se me acercó, se sentó a mi lado y comenzó a cantar el mantra om namah shivaya. Esta mujer sin hablar conmigo sabía en lo que estaba pensando.

Nunca me hubiese imaginado la importancia de los gestos para poder comunicarnos.

Descubrí que no necesitaba palabras para poder comunicarme, pues existe un idioma universal que va más allá de todo… y ese es el lenguaje del AMOR.

Nunca podré olvidar esta experiencia, quedará para siempre en mi corazón. Fue el primero de numerosos viajes para conocer otras culturas y religiones y que espero os pueda contar pronto…

Elena Gutierrez

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